Romanticismo

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Caminante sobre el Mar de Nubes

El Caminante sobre el Mar de Nubes. 1818.


[Crítica #02]

Caminante sobre el Mar de Nubes, 1789

Caspar David Friedrich (1874-1940).


75cm x 95cm - Óleo sobre lienzo





Friedrich pinto el cuadro el Caminante Sobre el Mar de Nubes en 1818. En este cuadro, el paisaje, la naturaleza es la protagonista, desplazando a los grandes temas de la pintura neoclásica (las batallas, los temas mitológicos, y la belleza femenina, etc.).


En ella un viajero, se encuentra de pie y de espaldas al espectador, en lo alto de una montaña, mirando el inmenso horizonte formado por las nubes, que se encuentra debajo de él. El viajero se encuentra sólo ante la inmensidad de la naturaleza. Una cadena de enormes montañas se extiende bajo sus pies. El tema de la sublime como la enorme, lo extenso y de la inmensidad de la naturaleza ante la que el hombre es un ser pequeño, aparece en el cuadro; de acuerdo al cocepot de lo sublime de E. Burke.


La pequeñez del hombre, ante la poderosa naturaleza, es un tema recurrente en las obras de Friedrich, por ejemplo, en los Acantilados de Rügen de 1818, o en el Mar de Hielo de 1924. Para Burke, si lo bello nacía del equilibrio, lo sublime rompía la armonía entre la imaginación y la razón. Lo bello produce placer, lo sublime provoca inquietud, turbación, incluso terror.


Friedrich emplea una gama de colores fríos quebrados; el negro en el traje del viajero, el marrón en las rocas, y el gris y el blanco en la niebla y en el cielo, colores que fomentan la sensación de lo sublime. El color dorado del pelo sirve de punto de atracción para que el observador se en lugar del viajero para mirar el paisaje. Situándonos en la posición del caminante, nos introduce en el interior del cuadro. De esta manera, nos sitúa frente al inabarcable mar de nubes, y nos lleva a sentir la inquietud, la turbación, e incluso el terror que provoca su inmensidad.



Jesús Díez