Prerromanticismo
El Aquelarre. 1876.
[Crítica #01]
El Aquelarre, 1876
Francisco José de Goya y Lucientes (1846-1928)
43cm × 30 cm - Óleo sobre lienzo
Francisco de Goya pinta este cuadro en 1789, donde recoge el tema de la brujería. Este tema estaba de actualidad en los escritores ilustrados de las épocas, entre ellos Leandro Fernández de Moratín. Se cree que el cuadro está basado en el proceso que la inquisición llevo a cabo contra varias mujeres acusadas de brujería en el pirineo navarro a principios del XVII.
La enfermedad que contrajo Goya en esos años, que acabó por quejarle sordo pudo llevarlo al autor aun cambio de estilo y temática. Se aparta así, de los temas a costumbrista y religiosa realizados en estilo neoclásica, para penetrarse en terror, que caracterizará a su serie de pinturas negras.
El lienzo de “El aquelarre” muestra una reunión de brujas, presidido por un macho cabrío (que representa al diablo) situado en el centro del cuadro. En torno al macho cabrio, se sitúan una serie de mujeres demacradas que le ofrecen niños.
En el cielo brilla la luna llena y se ven volando lo que podrían ser murciélagos. Las figuras están retratadas con gran realismo y naturalismo, alejándose de una representación idealizada que empleaba en los cuadres de su primera época. En cierta manera, Goya continua los estereotipos de las obras de Peter Brueghel el Viejo o David Teniers.
El empleo de colores obscuros de la noche, la luna, las figuras envejecidas, y las caras demacradas, remarcan el concepto estético de los sublimo como terror que desarrollará en “De Lo sublime y lo Bello” de Edmund R. Burke en 1757.
Ⓒ Jesús Díez